La vida es un juego y todos lo sabemos. Desde el día en que nacimos, se nos dio la oportunidad de lograrlo con una etiqueta ganadora. Con la transición de un bebé a un adulto, este juego llamado vida siempre parece ser un poco difícil. La mayoría de nosotros usamos las mismas tácticas casi todo el tiempo para tratar de ganarlo. No es una mala idea, pero el hecho es que los desafíos de la vida que se presentan no se pueden enfrentar ni jugar de la misma manera que jugaste antes. A medida que se pone difícil, su forma de vida tiene que ser más dura. Nada va a golpearlo tan duro como la vida. Si nos golpea, es nuestra responsabilidad volver a ponernos en marcha y probar otras alternativas. Tenemos que darnos cuenta de que si las cosas no salen como queremos, no es el final para nosotros. Si nos rendimos en este juego, todos seremos iguales, igual que aquellos que murieron enterrados con sus sueños no cumplidos. Por lo tanto, no solo debemos sobrevivir, sino también levantarnos para aparecer en la Arena (El mundo) de que podemos ser campeones sin importar las complicaciones que se presenten.
Por último, pero no menos importante, permítanme mencionar que Dios es nuestro mentor, a quien debemos recurrir cada vez que nos quedemos sin planes o razones para continuar con este juego (la vida). Él lo ayudará a introspectar y brindarle paz interior para sé el mejor en lo que haces,
Paz, sigue viviendo.